martes, 23 de junio de 2015

LA MEDICINA DEL MAÑANA por Héctor Díaz



Los Sistemas de Salud actuales, oficialmente aceptados en occidente, se mantienen con muchas dificultades: Costes cada vez más elevados, servicio deficiente, falta de personal, un abismo de separación en la relación entre médico – paciente, pérdida de la perspectiva humana, personas que no pueden acceder a la ayuda sanitaria por carecer de medios…

Y sobre todo ello, planea una visión que fomenta esas dificultades, la visión mecanicista de la realidad: El cuerpo es una máquina, conjunto de piezas y partes que, merced al paso despiadado del tiempo, no puede hacer otra cosa sino estropearse.

Como quien lleva el coche al taller, acudimos a los centros de salud de todo el mundo a que nos revisen las ruedas, engrasen nuestras articulaciones, y nos llenen el motor, nuestra energía vital, de sustancias que nos permitan andar unos pocos kilómetros más.

La antigua “Ars Medicina”, el arte de curar de los médicos, aquel “ojo clínico” que el añorado médico de pueblo tenía tan bien desarrollado que sabía, con tomar el pulso o con una simple ojeada, lo que le ocurría a la persona en cuestión, hoy se ha perdido en un sinfín de carreteras conocidas como especializaciones.

Todo está especializado, o mejor dicho, dividido. Aquel día fatídico, en que el cuerpo llegó a la consulta del doctor…

§  He venido a… -intentó expresar el cuerpo.
§  Lo siento mucho -respondió el médico sin apartar la pantalla del ordenador-, hoy ya no eres un cuerpo entero, hemos decidido que tu hígado no se hable con tu riñón, y tu intestino grueso ignore al pulmón.
§  Pero…
§  Lo siento… órdenes de arriba.
§  Pero a mi me duele…
§  Sí, lo sé, pero no podemos hacer nada. Tendrás que ir al especialista.

Como decía un gran médico, lamentablemente ya fallecido… el especialista… “El que más sabe, sobre lo que no se sabe”.

Al perder la visión de conjunto, la realidad sobre el cuerpo: No es una máquina, y Sí, un bello instrumento integrado, coherente, lleno de conciencia, sentido y Unidad. Conjunto de todas las vivencias y sucesos de vida; moléculas, sí, también, al igual que emociones, pensamientos, creencias y espiritualidad… Esa visión perdida sobre el cuerpo ha provocado que muchísimas personas, cada día, desahuciadas, busquen respuestas en el amplio mundo de las terapias alternativas.

Este es el panorama actual… el mundo de la Salud, hoy… pero echemos una mirada al mundo del Mañana…

Con catalejo en mano, como los antiguos navegantes, podemos permitirnos surcar los mares del tiempo y ver qué se esconde bajo las inquietudes, los deseos y los sueños de los futuros médicos y pacientes.

¿Qué aparece en el horizonte?
Las primeras tierras avistadas llevan el calificativo de la primera lección a aprender por el médico, “Humildad”, y a su lado, bella y hermosa como la anterior, una gran isla, “Respeto”.

En esta primera parada, podemos comprobar cómo el médico de bata blanca ya no se encuentra en un elevado e inalcanzable pedestal, mirando desde arriba a sus pacientes.

La humildad es el estetoscopio del futuro, en el que el médico es un acompañante, un facilitador, un catalizador de los recursos de salud propias del individuo, y ya nunca más el salvador sobre el que descansa el mundo, o las críticas y demandas judiciales de los pacientes.

Donde la Iatrogenia (muerte por procedimientos médicos), en la actualidad primera causa de Mortalidad Intrahospitalaria en el mundo a marchas forzadas, ya no existe.

Donde, tras la Revolución de los Protocolos (así se llamó), se reconoció la individualidad humana. ¿Qué significa eso? Aquello que ya se sabía en la antigüedad: No está permitido tratar a dos personas del mismo modo.

Se recordará entonces, con ternura y comprensión la insensatez de la medicina del Ayer… Durante muchos siglos, físicos y matemáticos se negaron aceptar a la Medicina en la academia de las Ciencias, y con razón. La Medicina no es una ciencia. ¡Es un arte!. Jamás se podrán dar las mismas condiciones en dos personas, ni aunque tengan una misma patología, ni siendo hermanos gemelos, ni aún compartiendo el mismo código genético…

La medicina no puede reproducir los mismos resultados de manera empírica, sencillamente porque el ser humano es único, sus circunstancias son únicas, su medio ambiente (entorno relacional y familiar) es único… etc, etc, etc.

Pero no nos detengamos más en el ayer… Sigamos por esas bellas aguas del futuro…

En estos primeros tiempos, la Escucha es el principal medicamento, la Mirada el escalpelo del cirujano, el Abrazo el saludo del doctor, y el Silencio y hasta un pensamiento Compasivo son las herramientas médicas más importantes del día a día.

Avancemos un poco más sin apartar la mirada esperanzada del catalejo


La visión del mundo, la manera de entender la vida y la enfermedad, cambió radicalmente:

La enfermedad ya no es una guerra contra la muerte, sino una lucha por la Vida.

La muerte ya no es lo opuesto de la Vida, sino un estado más; y la enfermedad se convierte en una primorosa lección, una estrategia de aprendizaje, un desafío personal donde se oculta una enseñanza vital, una lección de Amor, normalmente hacia uno mismo…

Una visión del mundo que coloca al ser humano en el centro de su propio universo, responsable y creador de su salud y de su enfermedad, con un poder interior inmenso para abrazar las lecciones que le trae el dolor y la enfermedad, y un potencial infinito para atravesar la puerta del cambio y reinventarse a sí mismo.

La deshumanización y la visión clasista del ser humano, no existe en el Sistema Médico del futuro. Médico y persona (ya nunca más paciente), entablan una relación de corazón a corazón, donde la enfermedad de uno supone para ambos una inmersión en el mundo profundo de las enseñanzas y en una realidad que pone de manifiesto que, cuando la persona se sana, se sana toda la humanidad.

Un sistema donde el médico toca el corazón de la persona, y la persona toca el corazón del médico.

Un sistema médico donde el Síntoma no es nunca más el enemigo, sino el más leal amigo… El Grito desesperado de nuestro cuerpo que se intenta hacer oír… y donde la enfermedad es tan sólo el instrumento que utiliza la vida para que ésta (La Vida con mayúsculas) se vuelva significativa.

Significativa: Tiene un porqué y un para qué. Tiene una Dirección, un Propósito y un Sentido.

Impulsados por la corriente del tiempo hacia parajes más lejanos aún…


Allí, ya no existe el Médico… El Ser Humano es su propio médico.

Por fin ha descubierto cómo utilizar los infinitos recursos curativos de su propio cuerpo. Ha contactado con su esencia sanadora y ha aprendido a utilizar sus manos y todo su Ser en la creación de su Salud. Completamente consciente, totalmente responsable, de sus actos, de sus procesos de pensamiento, de su sentir y sus “creencias creadoras”.

La persona gestiona su Salud, y vive acorde con sus propios parámetros y potencialidades.

Allí, la Medicina es un mero recuerdo, una palabra que utilizaban los antiguos… en aquella época de desconocimiento (la Edad de Piedra la llaman…), y no hay más medicina que el discurrir de la Vida, y su continuo milagro…

Para terminar de otear el horizonte, esperanzados por un prometedor Presente, en el que las medicinas complementarias (la vida no es alternativa sino complementaria) forman parte, cada día más y a marchas forzadas, de la realidad y la vida de millones de personas en este planeta, y donde la medicina convencional, poco a poco abre sus puertas a una medicina más integradora, una reflexión del Dr. Jorge Carvajal Posada:

“La mayor Enfermedad es la ignorancia sobre nuestro propio Potencial Curativo”

Personalmente, me encanta la visión del mañana… Ahora sólo queda, arrimar el hombro y, como humanidad, construirla Hoy.

Autor: Héctor Díaz