viernes, 5 de septiembre de 2014

Maneras de ser vegetariano: la dieta verde como seguro de vida


La Verduras y hortalizas nos procuran mucho colesterol bueno. (Archivo) Una dieta verde reduce la presión arterial, el riesgo de enfermedad cardiovascular, previene la diabetes y protege ante algún tipo de cáncer. Se puede tener un déficit de vitamina B12, yodo o potasio, como el que tienen las personas omnívoras de hierro o ácido fólico. Las legumbres son un tesoro por sus proteínas, comparables con las de la carne.


Los nutricionistas suelen insistir en que hay que comer de todo; que una dieta saludable es aquella que, desde el equilibrio, se compone de verduras, legumbres, frutas, leche y derivados, huevos, pescados y carnes. O como decía Grande Covián, “hay que comer de todo, pero en plato de postre”. Sin embargo, el vegetarianismo sigue ganando adeptos.
Los estudios muestran que una dieta basada en verduras, frutas, cereales y legumbres reduce la presión arterial y las posibilidades de una muerte prematura por enfermedades cardiovasculares, además de prevenir la diabetes. Además, las verduras son protectoras frente algunos tipos de cáncer como los de pulmón, estómago y boca.
Es importante abandonar el discurso del déficit alimenticio de ser vegetariano Sin embargo, los motivos por los que se adopta una dieta vegetariana son diversos. Desde la sensibilidad con los animales a los beneficios para la salud o la conciencia ecológica, ya que relacionan la ganadería extensiva con la destrucción del medio ambiente y el aumento del CO2 y el metano.
De ese modo hay también diferentes maneras de ser vegetariano. Desde el vegano, persona que basa su dieta en productos obtenidos la tierra, hasta aquellos que incorporan leche y huevos en su dieta diaria, pasando por vegetarianos que admiten el consumo de pescado y hasta los flexivegetarianos, que consumen ocasionalmente carnes blancas.
Para Francisco Ruiz Domínguez, delegado en Sevilla de la Unión Vegetariana Española (UVE) y doctor en Psicología Social, “es importante que se abandone el discurso del déficit alimenticio, ya que hay muchas instituciones internacionales que indican que trae muchos beneficios para la salud”.
No obstante, reconoce que no es la “panacea”, porque en algunas ocasiones se puede necesitar vitamina B12, obtenida de las proteínas de la carne, yodo o potasio, un déficit que el psicólogo compara con el que muchas personas omnívoras tiene de hierro o ácido fólico. Frutas y verduras son protectoras frente al cáncer de pulmón, boca, esófago y estómago La planificación de los alimentos durante la transición de una dieta tradicional a una vegetariana es esencial para cumplir con la pirámide alimenticia. Según Ruiz, la planificación de un patrón alimenticio es ideal para la creación de una rutina alimenticia sana y completa y que un cambio progresivo hacia la dieta vegetariana evita posibles cambios bruscos en el metabolismo.
El consumo de legumbres y productos integrales como el arroz y el trigo son primordiales. Según la Comisión Europea, las legumbres se consideran un tesoro por las proteínas que aportan y son comparables con las de la carne. Además, alimentos cotidianos en la dieta vegetariana como la fibra soluble, los frutos secos, los esteroles vegetales (legumbres, las semillas, los cereales integrales), la soja, los flavonoides y otros fitoquímicos reducen las posibilidades de enfermedades cardiovasculares.
El consumo de fruta y verdura, de 5 a 10 piezas diarias, reduce la presión arterial, y un estudio realizado en 2010 revela que existen beneficios preventivos para las personas con riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 con la ingesta de verduras, cereales integrales, legumbres y frutos secos.
Según un estudio de la Universidad de Oxford de 2002, la población que sigue una dieta vegetariana tiene un riesgo inferior a la morbimortalidad (muerte causada por enfermedades). Además, las frutas y verduras son protectoras frente al cáncer de pulmón, boca, esófago y estómago ya que contienen una compleja mezcla de fitoquímicos con una potente actividad de antioxidante, antiproliferativa, según el World Cancer Research Fund. 
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